El dinero, el poder y a lo que conduce el miedo de perderlo

El dinero, el poder y a lo que conduce el miedo de perderlo.

No es posible conocer lo negativo que puede resultar el poder resultante de dinero mal habido, hasta el momento en que las personas que los disfrutan se ven en peligro de perderlos. La sola amenaza de perder esta fuente de ingresos y la posible pérdida de poder, se vuelven una amenaza que debe eliminarse a toda costa.

 

¿Pérdida de poder?

Sí, ahora enfoquemos nuestra atención en el mundo en que vivimos, ese mundo que desconocemos pues nuestra realidad no nos permite ver más allá de suplir nuestras necesidades y entonces conocer lo que nos rodea; se lo dejamos a los medios de difusión, escritos, televisivos, políticos y medios internacionales de noticias, quienes se encargan de moldear a su antojo nuestro pensamiento, lo que creemos realidad.

 

 

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De esta forma, nuestra sociedad piensa, actúa, se fanatiza y su rumbo se vuelve errático pues los intereses que mueven el centro del poder, son quienes deciden la verdad que se nos da a conocer y vivimos ahora, el año entrante o el quinquenio siguiente. Las masas de las que formamos parte siguen ese camino sin rumbo, que en algunos casos particulares quizá puedan llegar al éxito, pero como sociedad estamos condenados a fracasar.

La realidad que vivimos se refleja perfectamente en las gráficas publicadas por el periódico El País de España y nos muestra, de forma evidente en donde reside el poder mundial. Ese poder que con los años a pasado formar parte de gobiernos; a grupos de poder, quienes ahora deciden quién va a gobernar el país y quienes van integrar el gabinete del gobierno.

Claro está que ellos se consideran los más inteligentes. Y por lo tanto son quienes tienen la capacidad de decidir quién y como gobernar el mundo. rigiendo los destinos de sus nuevos colonos, esparcidos en los cinco continentes.

El mundo globalizado, es el marco desde donde ellos pretenden regir los destinos de sus súbditos, africanos, latinoamericanos, asiáticos, europeos, australianos; este es el nuevo esquema colonial, al que se nos viene empujando en forma acelerada y que en apariencia era dirigido por gobernantes electos popularmente; pero ha sido la élite y el poder dinero quien en forma velada los ha impuesto, entre estos “líderes” se encuentran los expresidentes de EE. UU., Francia y la primer ministro de Alemania.

¿Tiene alguno de los lectores, idea de lo que significa, ser miembro de la elite tener la capacidad de decidir quién va a presidir el gobierno de un país como los EE. UU.?

El País

Pues bien este es el camino que la población mundial seguíamos, sin tropiezos; dirigidos por la elite dominante, llevando enorme sufrimiento para los habitantes del mundo.

Pero sucede que dentro de una superestructura como esta, no todo esta bajo un 100 % de control y es en Inglaterra y los EE. UU., en donde dos voces se dejan escuchar que hacen a sus habitantes revivir los valores de sus sociedades y es cuando la estructura de poder se ve sacudida en sus cimientos.

Nigel Farrage en Ingleterra alza su voz en contra de la Unión Europea. Lo imposible se hace para silenciarlo, pero la tradición inglesa triunfa y el voto popular en el referéndum denominado BREXIT decide que los ingleses deben dirigir su destino, no burócratas que ellos no eligieron desde Bruselas. Algo similar ocurre en los EE. UU., en donde un empresario decide competir por la candidatura presidencial del Partido Republicano.

Nadie creía esto fuera posible, nueve aspirantes contendían ya por la candidatura de ese partido, todos con experiencia política y algunos con respaldo bastante fuerte. La prensa considerada como de línea principal tradicional, se burla de la candidatura del empresario y desde el inicio las declaraciones de este sobre los inmigrantes indocumentados, son tergiversadas y alejadas de lo que él expresara. Sin duda fue el primer intento de poner fin a sus aspiraciones.

La campaña partidaria iniciada pronto es influenciada por el público involucrado y durante los debates, la posición central como candidato ganador de cada debate la mantuvo el empresario de apellido Trump. Su expresión oral sencilla y clara, y sobre los temas que afectan a su sociedad, le ganaba el apoyo necesario para convertirse en el candidato nominado por el Partido Republicano, incluso en contra de la misma dirección del partido.

La siguiente etapa fue la elección presidencial, en donde debió enfrentar a Hillary R. Clinton, ex Primera Dama y ex-Secretaria de Estado, quien no dejo duda de ser la designada por la elite en el poder, para cinvertirse en la primera mujer presidente de los EE. UU.; candidata quién, además, era la niña de los ojos de los medios de prensa bajo el control de las élites.

El favoritismo de la prensa tradicional, era tal, que no existió encuesta en la que Hillary Clinton no fuera la ganadora de las elecciones.

Acontecimientos posteriores dieron a conocer que su fortaleza, incluso dentro del Partido Demócrata no existía; y que ella y su gente debieron actuar de forma fraudulenta para ganar la postulación dentro del partido, que pudo haber sido ganada por su adversario demócrata  Bernie Sanders.

Esto ahora nos enseña que la imagen que los medios le otorgaban de invencible a la señora Clinton, no era una realidad, fue siempre falsa.

La candidata demócrata gastó casi 700 millones de dólares en sus campañas de nominación y presidencial; en comparación con casi 250 millones gastados por el candidato Republicano. Finanzas Personales

En la contienda electoral algo nunca visto en la historia política de los EE. UU., se daba: mientras la candidata Clinton reunía 200 y 400 personas en sus apariciones publicas y el candidato Republicano llenaba estadios con 25,000 y 30,000 personas.

El tono de los medios de difusión no cambió durante toda la campaña y su tónica fue siempre destructiva en contra del candidato Republicano Donald J. Trump.

El día de la elección la verdad llegó, con el voto del pueblo y el veredicto fue minoritario para la candidata Clinton y favorable para Donald J. Trump, quien además sumó para el partido Republicano mayorias en el Congreso y el Senado y los Congresos estatales, un triunfo creo nunca antes políticamente registrado.

Actualmente su gobierno cumple seis meses como presidente de los EE. UU.

Lo curioso, peligroso, dañino es lo que durante el tiempo transcurrido desde su victoria hemos atestiguado; el Partido Demócrata, la elite que los dirige y la prensa tradicional trabajan sin descanso en busca de obstaculizar y desestabilizar al gobierno electo por “su pueblo”. Es en estas condiciones cuando se puede comprobar que el terror a la pérdida de poder y el ver desaparecer el control sobre millones de dólares, te lleva a ser irracional, a actuar en contra de la nación, sus valores y tradiciones.

Esta oposición se ha vuelto una obstrucción al gobierno electo y además buscar hacer verdad acusaciones sin respaldo, estando determinados a poner fin antes de su termino al mandato que el pueblo otorgó al presidente Trump.

El daño que se causa a los EE. UU., como país es enorme, al nuevo gobierno se le atrasan los nombramientos del gabinete y se dilata la implementación de su plan de desarrollo e inversión. La imagen internacional para establecer su liderazgo y consolidación, se ve empañada por estas acciones.

Políticos llamados liberales y conservadores, empresarios, medios de prensa, tontos útiles pagados por las élites, están amenazados con la perdida de sus ingresos y poder y esto los lleva a actuar en contra de su gobierno, electo democráticamente y del país que les ha dado todo.

Sin duda esta es la muestra más brutal de egoísmo en los hombres y mujeres, que por el miedo a perder sus ingresos y poder, deciden ir en contra del pueblo, su mandato y el gobierno.

Solo nos queda decir: Dios, hágase tu voluntad.

 

Ernesto Panamá

Escritor