Historia que no debe olvidarse

1979 – 1981

El terror se extendía por todo El Salvador.

El secuestro y el asesinato se daban y los asesinos alegaban tener derecho a cometerlos por tener menos recursos económicos.

El asesinato traicionero de miembros del ejército y cuerpos de seguridad era aplaudido, pues los terroristas necesitaban armas para justificar su lucha de clases y las exigencias sociales.

La sangre de inocentes se extendía de las cumbres montañosas a la costa del pacífico.

Las bombas se contaban por centenares cada día y los daños a la infraestructura eléctrica del país eran justificados incluso por organismos internacionales.

La injerencia extranjera era vista con pasmoso asombro, pues desde escritorios en el Departamento de Estado, en Washington se decidía sobre asuntos de soberanía nacional.

Reforma agraria, la banca privada pasaba a manos del estado, las exportaciones se volvían monopolio del estado, la prensa era cómplice, si la misma que se decía de derecha y defensora de los derechos de propiedad, pero mantenía el monopolio de la importación del papel.

Partes del territorio salvadoreño ahora se decían territorio liberados por asesinos que justificaban sus crímenes y terror con la mentira de

que luchar por los derechos de un pueblo que aterrorizado veía como su familia se dividía y enemistaba.

La gente honrada era atacada, secuestrada, extorsionada, asesinada, sus negocios destruidos por los grupos de masas y armados; pero estas acciones debían ser toleradas, jueces corruptos y temerosos a las represalias liberaban a los hechores capturados; el sistema judicial colapsaba.

El trasporte urbano era destruido y nadie resultaba culpable estos actos pues eran justificados por sus autores quiénes se hacían llamar revolucionarios y demandaban justicia cometiendo injusticia social, al destruir propiedad pública y del estado y asesinaban inocentes con el objetivo final de llegar a ejercer el poder y decidir sobre los destinos de los salvadoreños.

Los gobiernos de turno, la prensa local, la oligarquía, los terroristas, el poder en la sombra que dirigía el gobierno de los EE. UU. entonces y la comunidad internacional todos confabulaban en contra del abatido pueblo salvadoreño. Los salvadoreños en este período eran incapaces de saber si regresarían a su hogar al final de su trabajo o serían víctimas de la violencia indiscriminada.

El estado de derecho había de ser la norma, amenazas y sobornos a los jueces permitían la libertad de los culpables, la determinación de capturar y entregar culpables quedaba en manos de soldados. ¿entregaba el capturado por crímenes de guerra para fuera liberado o lo eliminaba, para erradicar el mal. Nuestro sistema judicial permanece colapsado desde entonces.

El pronóstico para el pueblo salvadoreño era la derrota, caer en manos de un estado totalitario y de una junta revolucionaria socialista que dictaría los destinos de la nación.

Cuando la situación económica y política estaba dominada por socialista y la destrucción de sus medios de producción era

irreversible, la burocracia de los EE. UU. aseguraba que el Salvador se convertiría en un paraíso socialista.

Es entonces que el expresidente James Carter pretende legalizar el próximo gobierno socialista y declara que en El Salvador se realizará elección de Asamblea Constituyente.

De esta forma, se instauraría un gobierno legal y constitucionalmente socialista, el que conduciría al país a dar continuidad a las medidas que desde Washington se habían dictado y que habían destruido nuestros medios de producción.

Pero nadie previó lo bravío de las mujeres y hombre de El Salvador y lo planeado no sucedió.

En contra de todo pronóstico de norte a sur de este a oeste, hombres y mujeres de todas las edades respondieron al llamado de un grupo liderado por el mayor Roberto d´Aubuisson y es así es que nace ARENA.

Si el partido llamado de derecha, el partido que devuelve la esperanza al pueblo casi derrotado por años de terror y esta confianza se extiende por todo el territorio nacional. La certeza de que el terrorismo va hace derrotado, con el arma más poderosa el voto, está fija en la mente de los salvadoreños.

Si ARENA surgió como respuesta al odio, al asesinato, al secuestro a la destrucción, al chantaje terrorista y a la división familiar, dándose de esta manera el retroceso y la derrota política de la farsa revolucionaria.

Cuando el pueblo se vuelca a las urnas incluso en los lugares que los terroristas llamaban zonas liberadas, ellos otorgan la presidencia de la Asamblea Constituyente al mayor Roberto d´Aubuisson.

Lastimosamente el triunfo del pueblo salvadoreño a través de ARENA, no solo constituía derrota para los terroristas, sino también para el sistema de gobierno de la oligarquía, la que desde Miami ya no

controlaba a militares, diputados, ministros y sistema judicial privilegios de los que gozaron durante todos los regímenes del PCN y los presidentes militares.

Durante el trascurso de la guerra esta élite de poder también había aprendido que era posible lucrarse de las medidas socialistas que los gobiernos transitorios implementaron antes de la elección de la asamblea constituyente; aprendieron que desde su elevada posición se podía mamar a dos tetas.

La derrotada izquierda sabe entonces que debe por todos los medios buscar el desprestigio de quien los derrotó políticamente, empezando por destruir la imagen del líder y luego la institución política.

La oligarquía también reconoce que si desea continuar usufructuando de la izquierda y la derecha, debe consolidarse dentro la nueva estructura partidaria y para ello debe contribuir a desprestigiar al líder que llevó a ARENA a la victoria y entonces podrán convertirlo en su instrumento político y esto les permitirá instrumentar el partido para sus egoístas fines, decidir quiénes integraran los gabinetes, los miembros a la asamblea legislativa para aprobar leyes que les favorezcan e influir en la elección del aparato judicial, para prever se les exonere de culpa o de ataques.

El expresidente James Carter y el gobierno en la sombra el mismo que se mantiene en el poder y trata de asesinar al presidente Ronald Regan, también culpa a d´Aubisson de que el plan socialista en Centro América haya fracasado y por lo tanto están de acuerdo en que este personaje es un mal a quien se debe desprestigiar y eliminar.

Considero que su cáncer y su inesperada muerte, son consecuencia de esto y favoreció a los objetivos del FMLN y la oligarquía.

La muerte del mayor facilita su desprestigio, la oligarquía no hace nada por defender su imagen y se vuelve en contra de todos los que trabajaron cerca del mayor, poco a poco ARENA se aleja del pueblo y

se convierte en el instrumento con el que el egoísta grupúsculo de poder utiliza para enriquecerse malversando fondos públicos.

Cómo resultado las sucesivas dirigencias de ARENA logran gobernar engañado al pueblo durante 20 años y cuando el pueblo sin salir de la miseria deja de creer ellos, decide dar el voto a los terroristas quienes decían luchaban por sus intereses; pero el desengaño fue mayor y solo les permiten que los gobiernen por 10 años.

El pueblo en su infinita sabiduría en el 2018 y 2019 muestra en las urnas su descontento en contra de estos dos partidos; con esto les dice que se ha aprendido la lección, que conocemos quienes han abusado de nosotros y que esto no se repetirá.

Finalmente, el 3 de febrero del 2019 el 53 % del voto decide no van a continuar los regímenes del nefasto bipartidismo.

El pueblo salvadoreño ha dado el primer paso, pero no debemos olvidar que los buitres: el FMLN y la oligarquía que manipula la estructura de ARENA y el viejo orden mundial, esperan la oportunidad para recuperar el poder que han perdido; para evitar esto suceda debemos como pueblo trabajar unidos.

Quizá ahora este un poco mejor explicada la razón que me llevó a apartarme de la ARENA que con tanto amor se fundó, pero continuar siendo cómplices del sistema corrupto que se apoderó de ella nunca ha estado dentro mis principios, mucho menos apañar a quiénes engañan usando colores y bandera de partidos políticos como medio para engañar y llevar riqueza a unos pocos y miseria a la mayoría.

Ernesto Panamá Escritor