No hay mal que por bien no venga

ERNESTO PANAMÁ | Viernes, 20 de marzo del 2020

1952 Santa Ana, El Salvador

Creo que vivimos en esta situación; con la pandemia que desde China se ha expandido por todo el mundo y que afecta en mayor medida a aquellos que extrañamos los viejos tiempos.

Sí, aquellos tiempos, en que aún circulaban las carretas tiradas por bueyes, en la que la circulación de vehículos era poca, no se conocía de ríos, ni ambiente contaminados. Pero lo más especial de aquella época era “la unidad familiar”; esta costumbre hacía que 2 o 3 veces por semana los hijos del abuelo, y nietos se reunieran, almorzaran juntos o sostuvieran tertulias hasta la noche que solían terminar en la calle al despedirse.

Estas tradiciones las extraño, me hacen sentir impotente ante el desarrollo de la tecnología que induce a una vida acelerada, en donde actuamos como autómatas, sin conciencia de lo que hacemos, en un mundo en donde hablar se deja de usar, se escriben mensajes y si no los lees, se te reprocha; pues debes ser esclavo del teléfono, el que debe estar interrumpiendo cada minuto una conversación. Los novios ahora ya no conversan, están en la sala cada uno viendo la pantalla de su aparato.

Poco a poco la comunicación con los hijos va disminuyendo, ellos y ellas son profesionales, temprano por la mañana abandonan el hogar para ir a trabajar, el nieto va a la escuela y entonces el pensionado y dedicado a escribir, queda solo en el hogar. La otra hija trabaja en casa, pero también está ausente, frente a la pantalla de computadora trabajando.

Sabes que tu vida va a terminar un día y cada vez conoces menos a los que viven bajo el mismo techo; perdón duermen bajo el mismo techo, pues para vivir bajo un mismo techo deberías convivir, y de seguir este estilo de vida, pronto nos olvidaremos del significado de esta palabra.

Este bien, la tecnología en la comunicación nos ha traído el mal de no comunicación y distanciamiento familiar. El bien nos ha traído mal.

Pero de pronto en Guando, China un virus se expande y es más virulento que el de la pulmonía por lo que el número de infectados se expande rápidamente y los viejos como el que escribe y rememora el pasado, son los más afectados pues las defensas de nuestros organismos han disminuido con los años, a lo que contribuye la falta de actividad física, que la tecnología ya no nos demanda hacer.

Trascurridos tres meses desde que China da a conocer los estragos del Virus la declaración de una pandemia se vuelve la mala noticia para el mundo. La cantidad de infectados es altísima un que el porcentaje de muertos es bajo.

La única medida para evitar que este virus sin cura no se transmita es buscando tener el menor contacto posible con otros seres humanos. La gravedad actual de la enfermedad ha llevado a los gobiernos, a ordenar el cierre de colegios, centros comerciales, al cierre de fronteras para extranjeros, lo que ramifica en daños enormes a las corporaciones del transporte, combustible, cadenas de abastecimiento y por su puesto se genera una demanda exagerada de bienes de consumo e higiene pues no faltan los que desinforman y hacen que la gente actué impulsivamente.

Pero esta pandemia, este no conocer una cura y no poder predecir su erradicación han sido los responsables de que “mi familia este en casa”.

Si, primero mi esposa por estar en la edad más vulnerable, se le manda trabajar desde casa, más tarde a mis hijas también para evitar el contacto con muchas personas. Ahora están trabajando desde casa y el nieto tampoco va a la escuela. Pero gracias al desarrollo de tecnológico el trabajo y las tareas escolares se pueden hacer desde casa.

Este día será el primero en muchos años en que la familia unida, almorzará en casa. Yo me encargaré de que haya internet durante el almuerzo.

Por primera vez en años la mesa será el punto de reunión familiar, como en tiempos del abuelo Neto.