El poder en la sombra se resiste a perder el control

ERNESTO PANAMÁ | Lunes, 04 de noviembre del 2019

Lo actuado por los demócratas en la recién pasada reunión del congreso no fue lo anunciado, y nuevamente han tratado de engañar a los ciudadanos norteamericanos.

El montaje de la cesión por los congresistas demócratas únicamente buscó la aprobación del proceso secreto estilo la antigua Unión Soviética el que continúa siendo de exclusividad demócrata y dirigido por Adam Shiff.

La causa de llamar a rendir declaraciones a miembros del gobierno al comité de investigaciones del congreso, a quienes ellos consideran pueden aportar pruebas en contra del presidente ha resultado  en una trama nada transparente; pues en él no está permitida la presencia de los republicanos, ni la de los abogados del presidente y además se les niegan acceso a las declaraciones obtenidas. Tampoco tienen derecho a presentar testigos y las preguntas hechas por un republicano deben ser antes aprobadas por Shiff el director del comité.

Por lo tanto, la votación no fue para obtener el voto de consenso Inter partidario de los congresistas para proceder a la destitución del presidente. La votación obtuvo mayoría simple para aprobar el procedimiento que conducen en busca de pruebas con las que no cuentan y que les permite continuar con la campaña de desprestigio presidencial, y creen les permitirá lograr el objetivo de evitar la reelección del presidente.

El resultado de la votación fue el siguiente: 231 votos demócratas más 1 Independiente total 232 votos a favor de continuar el falso proceso, y 194 republicanos más 2 demócratas 196 votos en contra de continuar el proceso secreto.

Esto deja en evidencia que los demócratas no cuentan con el 70 % de los votos para desarrollar un proceso de destitución presidencial “bipartidista”, como lo demanda la constitución, pues los republicanos en pleno votaron  en contra de lo sometido a votación.

Esta situación muestra que el proceso de destitución esta muerto en el congreso y no tiene capacidad de escalar al senado en donde la mayoría republicana también lo rechazaría.

La opinión pública está en contra de un proceso de destitución, pues no existen pruebas de que el presidente haya sido sobornado, cometido traición, u otros delitos graves crímenes por los que este puede ser sometido al proceso de destitución.

El proceso de destitución presidencial dio inicio con el anuncio de Adam Shiff quien dirige el comité de investigaciones del congreso, de que un informante en la Casa Blanca había conocido por otra fuente de una conversación telefónica inapropiada entre el presidente Trump y el presidente Zelinski de Ucrania. Esta información fue dada a conocer a Nancy Pelosi líder de la mayoría demócrata en el congreso, quién luego de conocerla decide que cuenta con las pruebas suficientes para dar paso al proceso con el que buscaría destituir al presidente y lo hace público.

Mientras esto sucedía el presidente Trump se encontraba en Naciones Unidas en donde coincidía con el presidente Zelinski de Ucrania.

Enterado de la decisión demócrata de proceder al proceso para su destitución, Trump solicita del presidente Zelinski autorización para hacer pública la trascripción de la conversación sostenida, siendo esta aprobada.

La rápida maniobra no era esperada por los demócratas y dos días después de declarado el inicio del proceso de destituirlo, la Casa Blanca hace del conocimiento público la transcripción de la conversación entre los presidentes.

La lectura de esta no deja duda que durante la conversación no existe acto que justifique dar inicio al procedimiento para destituirlo. El accionar demócrata sufre entonces un serio revés.

Otro grave error comete Adam Shiff cuando presidiendo el comité se inteligencia, en transmisión televisiva a nivel nacional, da su versión de lo dicho por el presidente Trump, la que resulta totalmente distinta a la transcripción de la conversación real.

El montaje del falso proceso empieza a hacerse pedazos.

Luego la prensa da a conocer que el personal de Shiff, ¡sí! había tenido contacto con el informante habiendo mentido a sus colegas congresistas y al público. Al no dar a conocer de este contacto al resto de miembros se violan las normas del comité y pierde legitimidad el proceder de los demócratas.

Con el montaje desmoronándose los demócratas dan inicio la filtración de información selectiva a la prensa, a no permitir que los testigos contesten preguntas de republicanos y a asesorar a los testigos de cómo deben contestar.

La presión entonces se vuelve en contra de los demócratas. El equipo de campaña de Trump recauda contribuciones que superan registros anteriores y la asistencia de simpatizantes a sus concentraciones políticas continúan batiendo récords. Decenas de miles de simpatizantes llenan las arenas y su entusiasmo demuestra que están agradecidos con lo que junto a Trump han logrado por el país en menos de tres años.

La presión negativa se cierne sobre los demócratas y esta los conduce al montaje de un nuevo engaño con el que ganan tiempo, y aprueban en la reunión del congreso del 31 de octubre únicamente con sus votos continuar con el falso proceso de destitución.

Sucede luego que su secreto mejor guardado, el nombre del informante cuyo testimonio quedó desvirtuado al darse a conocer la transcripción y quien fuera su testigo principal, los demócratas dejan de mencionarlo. Y la prensa da a conocer su nombre. Siendo miembro de la CIA, trabajando en la Casa Blanca, e identificado con los demócratas, creo que no fue difícil identificarlo.

Se trata de Eric Ciaramella, miembro de la CIA que dirigía James Clapper y designado a la Casa Blanca en tiempos de Obama como asesor para asuntos de Europa del este y países bálticos. Protegido de Susan Rice consejera de seguridad de Hussein Obama, y quién además viajara en dos oportunidades a Ucrania con el presidente Biden y además era asociado cercano de Victoria Nuland exempleada del departamento de estado quien junto a Ciaramella están involucrados en la conspiración demócrata rusa y ucraniana. Fue retirado, y vuelto a llevar a la Casa Blanca por el general McMasters quien fue removido por numerosas filtraciones de información de la dirección de seguridad nacional el 15 de marzo del 2018.

La otra cara de la moneda, la que busca probar que el ataque en contra de Trump fue algo creado por el gobierno en la sombra y profundo, ya se encuentra en fase acusatoria. Los directores de la CIA, seguridad nacional y FBI parecen ser los primeros que el fiscal Durham llevará a enfrentar la justicia.

(*) Ernesto Panamá es Escritor