La guerra política en EE. UU. – Parte 1

ERNESTO PANAMÁ | Lunes, 07 de octubre del 2019

El fracaso de los demócratas al buscar inculpar de la derrota electoral de Hillary Clinton al presidente Donald J. Trump, les acarrea consecuencias desagradables; pues el nuevo gobierno al tomar control de las instituciones que fueron instrumento para lanzar la campaña de mentiras en contra del entonces candidato y actual presidente, están siendo investigadas y casos judiciales en contra de los culpables se preparan.

Nos encontramos a un mes de cumplir el tercer año de gobierno del 45avo presidente norteamericano y un año de las próximas elecciones presidenciales cuya campaña electoral ha dado inicio.

El triunfo del pueblo norteamericano al elegir a Donald Trump no solo fue la derrota de Hillary Clinton, fue la derrota de un sistema de control mundial que durante décadas se venía perfeccionado y llega a su fin.

Este sistema y su multimillonaria y poderosa dirigencia pretendían dictar los pueblos del mundo las reglas de convivencia que debían seguirse, es decir implementar un nuevo colonialismo.

El pueblo de norte américa se revela y escoge volver al viejo sistema de pueblo nación, en donde los ciudadanos deciden quien los gobierna y juntos deciden el destino que van a seguir.

En otras palabras, esta es la diferencia entre un sistema dictatorial y uno democrático.

Por su puesto quienes pierden poder son personas que han controlado la banca mundial, dirigen la Unión Europea como el laboratorio para lo que en el futuro sería su gobierno global. Ellos son dueños del 90 % de la riqueza del planeta y han llegado a decidir hasta quienes serán los presidentes de EE. UU. y de otros países.

Para ellos no es fácil aceptar que han perdido derechos y privilegios usurpados, por lo tanto, hacen uso de su poder en busca de que esta derrota no se consolide y se revierta de ser posible.

Esto los obliga a salir del anonimato que han mantenido dejando al descubierto personas, organizaciones, instituciones gubernamentales y políticas, que han venido trabajando para ellos.

Es por esto por lo que hoy la mayoría de los norteamericanos conoce de su existencia y los rechaza.

A su estructura principal se le conoce como el Viejo Orden Mundial y este ha instalado dentro de los EE. UU. dos estructuras “el gobierno en la sombra” en ella se aglutinan miembros de los partidos políticos demócratas y republicanos, los dueños de numerosos medios de prensa tradicionales y los propietarios de corporaciones multinacionales, entre quienes se encuentran los propietarios de los bancos centrales del mundo. La otra estructura se conoce como “el gobierno profundo” a esta pertenecen corruptos miembros de agencias de inteligencia y seguridad ( CIA, DNI, FBI, etc.)

El montaje de estos gobiernos y su funcionamiento les llevo décadas y en el 2016 eran ya totalmente funcionales.

Los integrantes del V. O. M. ven con terror la derrota electoral y deciden que los asalariados integrados en el gobierno en sombra y el gobierno profundo den la batalla para ellos conservar su poder, y estas acciones son las que los dejan al descubierto.

Los peones que llevan a delante la defensa del viejo orden mundial en EE. UU. son los miembros de partido demócrata, medios tradicionales de prensa (CBS, NBC, CNN, Washington Post, New York Times, etc.) y miembros de la comunidad de inteligencia y seguridad que aún permanecen infiltrados en las instituciones de gobierno de los EE. UU.

Las acciones recientes de los congresistas demócratas quienes buscan destituir al presidente se apoyan en la filtración de información de segunda mano de un agente de la CIA destacado en la Casa Blanca quien dice haber sido informado sobre una conversación inapropiada entre el presidente Trump con su homólogo Zelenski de Ucrania.

Ante la acusación Trump solicita a Zelenski autorización para dar a conocer la transcripción de su conversación y este lo autoriza.

La transcripción muestra que no existe nada inapropiado en la conversación, pero los demócratas insisten en llevar adelante los cargos en contra del presidente, pero no forma legal, si no dilatoria pues de llenarse los requisitos y el congreso por mayoría debe aprobarlo y esto adjudicaría iguales derechos a los republicanos para llamar testigos.

La dilación de esta declaratoria hace inconstitucional el proceso y parece entonces que buscan golpe de estado.

El accionar demócrata cuestiona la legitimidad de su gobierno ante la comunidad internacional, perjudicando acciones como el atender situaciones como Irán, Iraq, tratados comerciales con China y la Unión Europea, etc.

La hipocresía de Nancy Pelosi líder de la mayoría demócrata y Adam Shift quien dirige el comité de inteligencia del congreso ahora se conoce, pues ellos tenían conocimiento de la información a utilizar[i] días antes de hacerla pública y negaron poseerla, no la dieron a conocer a los miembros de la oposición lo que es obligatorio y además se sabe que asistieron en la presentación de la denuncia legal presentada, en la que además se hace referencia a una organización que George Soros operativo del V. O. M. financia.

El conocer esta información con antelación parece ser la causa por la que la congresista Pelosi abruptamente cambia su posición de no proceder a la destitución del presidente a proceder con ella.

Pero todo esto se derrumba al autorizar el presidente la publicación de su conversación con el presidente de Ucrania y al no poder presentar pruebas para que el congreso apruebe el proceso de destitución, proceden ilegalmente a desestabilizar el gobierno.

Todas las maniobras de demócratas e infiltrados que aún permanecen dentro de las agencias de gobierno tienen como objetivo evitar la reelección de Donald Trump.