Lo oculto ayer, ve la luz hoy

No es un juego la democracia y menos los cambios de estructura que vivimos a partir de junio de 2016.

El voto de los ciudadanos demandó el fin de estilos de gobiernos que por casi sesenta años ostentaron el poder.

El voto hace ver cambios superficiales de inmediato en puestos de elección popular, pero no sucede así en el caso de burócratas que sirven a los intereses derrotados, ellos permanecen trabajando, intentando retrasar la consolidación de las nuevas administraciones, ya sean estás en el Reino Unido, Los Estados Unidos de Norte América, México o en El Salvador.

En este caso me referiré a lo que acontece en EE. UU. ya que el presidente anunció durante la campaña que “drenaría el pantano en la capital Washington D. C.”

En lo personal he llegado a concluir que Washington, es la capital mundial de la corrupción. Pues sus políticos no solo han corrompido el sistema judicial, sino que unidos a un grupo de empresarios han puesto en riesgo la seguridad de su país al permitir a cambio de ganancias extraordinarias, la venta de Uranio a Rusia  y el que China se convierta en la que fabrica y los abastece de medicina para la diabetes, penicilina, de medicamentos antivirales, equipo médico y hasta llego a depender su sistema de defensa de la importación de metales como el acero, aluminio además dependía de la provisión de energéticos de otros países. Los políticos de pasadas administraciones se han enriquecido y permitido el empobrecimiento de sus nacionales, y aún tienen desvergüenza de no respetar la voluntad de su pueblo al pretender derrocar al gobierno electo. Y pareciera que son tan poderosos que pueden salir sin ser condenados por traición a su país.

Por supuesto que descubrir quien continúa trabajando para los globalistas requiere de investigación, tiempo y en muchos casos las circunstancias contribuyen y se dilatan.

Piezas claves nombradas por las anteriores administraciones aún se encuentran agazapadas en las diferentes ramas del gobierno de Donal J. Trump.

Desde la toma de posesión los despidos no se han detenido, y por su puesto cada vez que uno de estos traidores burócratas es despedido sus cómplices políticos y la prensa a su servicio, al unísono se vuelven a condenar la administración.

Para refrescar memoria les recuerdo que los anteriores gobiernos en norte américa establecieron lo que llamaron el “gobierno en la sombra”, integrado por políticos de ambos partidos y burócratas asalariados de instituciones gubernamentales. Y el “gobierno profundo” el que incluye personal de 17 agencias de inteligencia.

Entre las más conocidas la CIA que fue saneada por Mike Pompeo, y ahora es dirigida Gina Haspel. Y como Secretario de Estado también realiza la limpieza de esta institución. Procedimiento que se realiza en todo el gobierno.

Otros ejemplos son los de la DNI o departamento de inteligencia nacional cuyo director James Clapper renuncia ante el triunfo de Trump y asume el cargo el subdirector Dan Coats, este es removido en el 2018 y sustituido por Joseph Maguire quien en febrero 2020 es relevado del cargo y sustituido por Richard Grenell, ex embajador en Alemania, y persona de confianza del presidente quién pasa a supervisar las 17 agencias de inteligencia, y hará los recortes de personal necesarios.

La limpieza avanza en su tercer año y no es del agrado del gobierno en sombra quién pierde sus cómplices dentro de la comunidad de inteligencia, el gobierno profundo. No todo recorte de personal es dado a conocer públicamente. El FBI agencia que depende directamente de la fiscalía general y esta de la rama ejecutiva también ha sufrido despidos.

Recientemente se despidió a Michael Atkinson Inspector General de la Comunidad de inteligencia, quien si bien fue nombrado por el presidente Trump en el 2018; durante el proceso de intento de destitución del presidente, en enero 2020 en el que los demócratas dicen contar con un soplón que tiene información la que permitirá destituir al presidente, Atkinson comete el error de su vida.

El procedimiento establecía que un informante debe tener acceso directo a la fuente para poder acusar a un superior, y Atkinson cambia la norma y permite que el acusador reciba la información de tercera persona. Esto era necesario para que los demócratas pudieran llevar adelante el proceso legal de destitución. Entonces Atkinson deja de contar con la confianza del presidente.

Hace un par de días se conoce que el Inspector General del Departamento de Justicia, Michael Horowitz quién ocupa el cargo desde la administración anterior y es dependiente del ejecutivo en su última comparecencia ante el congreso, da a conocer que existen “notas al pie de página” que los informes del FBI han ocultado a los legisladores.

Esto conduce a los congresistas republicanos a demandar que estas omisiones se corrijan pues estarían dando paso a conocer que el FBI ignoró información que indicaba que su origen no era confiable y que a pesar de eso se utilizó para tratar de desprestigiar al presidente Trump. Ellos sabían que la información era falsa, lo que probaría que ellos sirvieron al Comité Nacional Demócrata en su intención de elegir a Hillary Clinton presidente. La corrupción del FBI lleva más tres años ocultando esta información, y los hace cómplices de las acciones por derrocar al presidente Trump.

No sería raro que Cristopher A. Wray actual director del FBI fuera el próximo despedido.