La historia que no viviste – 5ta. Entrega

Solo para jóvenes menores de 40 años.

 

Ahora enumerare algunos factores internos que cimentaron a estos gobiernos.

El día de hoy, creo es difícil que se imagine un mundo con cuatro periódicos escritos, dos radios a nivel nacional YSU y YSKL, algunas radios locales y un canal de televisión privado y otro de gobierno y dos noticieros televisivos que se veían al medio día y al caer la noche.

Más difícil les será imaginar que estos medios transmitían las noticias de tres agencias extranjeras noticias, AP, France Press y Reuter’s, con sede en EE. UU., a las que pagaban por sus servicios. Es decir, la prensa salvadoreña, repetía lo que recibía y esa era verdad nuestros padres conocían y transmitían.

PCN

La clase terrateniente, la industria y del comercio de gran capital, no se duermen e incursionan en la política, crean alianzas con los gobernantes militares a quienes les pagan por servicios prestados y con eso los señores adquieren el privilegio de recomendar ministros y por supuesto financian las campañas del partido oficial (PCN). Además, proponen, financian y pagan diputados, asegurándoles a estos una carrera política, siempre y cuando velen por sus intereses.

De esta manera es como el poder Legislativo aprueba leyes que benefician a la banca, las farmacéuticas, etc., y por otro lado el gobierno para compensar entrega monopolios como el del papel a los periódicos más grandes, para evitar se vuelvan en su contra.

Los grandes capitales inteligentemente, no se oponen a las medidas que desde el exterior se dictan y apoyan el que, para gobernar a la masa, no hay que facilitar la educación; pues si educas al pueblo estos piensan y si piensan, discutirán las órdenes y entonces no podrás gobernar.

El esquema implantado es de POLARIZACIÓN IDEOLÓGICA y se va profundizando en la mente de los ciudadanos, tanto así que quien escribe estaba dispuesto a ser voluntario para ir a pelear a Vietnam para derrotar a los comunistas.
Gracias a mi padre no fui, pues como latino hubiese sido carne de cañón.

Creíamos ciegamente que el mundo era solo de izquierdas y derechas y aún seguimos sin ver la posibilidad de trabajar unidos viviendo en el siglo XXI.

Así en 1961 Cuba se declara socialista, los EE. UU., interviene enviando tropas a Vietnam en 1964.

Mientras en El Salvador lentamente crece el resentimiento en contra de la clase militar, la diferencia entre ricos y pobres aumenta y ganan fuerza las políticas de derechos humanos, por lo tanto, se llega el momento de poner fin a los gobiernos militares represivos.

Sí, es la administración Carter la que da el giro y decide que ha llegado el fin para quienes le fielmente les ha servido. Está claro que lo que pase en esos países, no los va afectar y a futuro serán ellos mismos los beneficiados.

Así las guerras ideológicamente irreconciliables, entre hermanos, se dan en toda América. En estas guerras no mueren rusos, ni norteamericanos, mueren argentinos, chilenos, uruguayos, nicaragüenses, salvadoreños, etc.

Y por supuesto, nosotros no producimos armas, ni municiones, debemos comprarlas.

¿Saben estimados lectores, quienes nos venden las armas?

Si, ellos hacen negocio. Mientras los no educados se matan entre ellos creyendo unos defender un sistema capitalista y los otros luchar por establecer un sistema socialista.

Finalmente, los imperios siempre ganan, pues destruido nuestro sistema productivo e infraestructura, somos más dependientes, debiendo ser más sumisos para recibir lo que nos quieren dar.

Ellos en cambio siguen decidiendo quien va a gobernar, la izquierda o la derecha, no tiene preferencia ambos gobiernos deben someterse al dictando de medidas de desarrollo que no funcionan y así transcurren más de sesenta años y no se ve en el horizonte salvadoreño la posibilidad de salir del subdesarrollo.

Peor aún la situación ha empeorado: la familia y tradiciones que conocimos, han desaparecido, nuestros jóvenes profesionales se fueron a trabajar al imperio, la familia salvadoreña quedó mutilada y la muerte de 70,000 hermanos deja una brecha generacional cuyos efectos aún no me logro explicar.

La verdad, no estamos mejor ahora que el 1950 año en que nací.