Cuento corto | La búsqueda

 ERNESTO PANAMÁ     | Viernes, 11 de Mayo del 2018

 

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Foto: Referencia

Un cuento que trata de hacer la decisión de que cada hombre y mujer debe tomar una vez en la vida, sin importar la edad

Amigos, los mejores deseos.
Esta vez me atrevo a ofrecer algo diferente, una lectura para la simple distracción. Algo necesario en esta ajetreada vida.
Espero la disfruten:

Se acerca la madrugada y la fiesta llega a su fin, entre los alegres agonistas se encuentra Pablo que ha terminado sus estudios de bachillerato; Ya no quedan invitados y sentado ante la mesa vacía que puede hacer un doce comensales, toma un suspiro y su mente se enfoca en lo que está por venir: a sus diez y siete años aún no decide el rumbo que su vida debe seguir.

Sus padres lo exhortan a estudiar las carreras de medicina o abogacía como su padre y su tío; pero a él no le atraen estas profesiones. Su maestro en el cambio debe saber que si desea tener éxito en la vida debe encontrar la vocación que le permita ser feliz.

Las preferencias de Pablo son para las letras y la literatura, ocupación que sus padres no aseguran el futuro económico en un país en donde nadie lee; es así como su decisión es dilata y lo que menos Pablo desea es defraudar a quiénes les falta la gran parte que hasta ahora ha logrado.

La pasión en la selva de Petén, un bello lugar muy alejado de la civilización en donde la cercanía con la naturaleza es a la memoria de Pablo días felices de su infancia …

En casa lo despide su padre y hasta la terminal de autobuses lo acompaña a su madre. Las cuatro de la mañana marca el reloj desde la ventana del autobús Pablo se desprecia de ella en el medio del tráfico, el polvo y el bullicio de las vendedoras en la terminal.

Al día siguiente Pablo se despierta al escuchar el chisporroteo de la leña que se quema, calienta la marmita y los cójimos de barro de los que se desprenden el olor de los plátanos, los frijoles negros que se cuecen, el de los huevos fritos y el del maíz al dorarse las tortillas. Salta de la cama va a dar un beso a la abuela que está preparando los alimentos y su abuelo quien observa el paisaje sentado en la mecedora junto a la puerta.

Minutos después desayunan y el resto de la mañana acompañan a los abuelos ayudándolos en las labores propias del campo.

Al medio día bajo la sombra de la Ceiba centenaria al frente de la casa disfrutan del almuerzo, de entrada, una rica sopa de tortilla, luego gallina y elotes asados ​​acompañados de vegetales recién cortados del huerto y de postre la abuela sirve ricas frutas de estación : bananos, piña, sandía y papaya.

La sobremesa se acerca poco más a los medios de comunicación y los abuelos le aconsejan que en las decisiones sobre su futuro, siga siempre su instinto, pues su vida solo es la va a vivir. Cerca de la tarde, los ancianos se retiraron para hacer la siesta y Pablo como se anunció el campamento en el lugar donde lo esperaban.

Camina a lo largo de un milímetro de vereda polvorienta, rodeado de la exuberante selva tropical humedad, cuya temperatura se encuentra frente a la medida que avanza; el calor le impulsa a despojarse de la camisa con la que seca el sudor de la frente.

Continúa avanzando hasta que adelante de él en el río y en el medio del peñasco destaca su roca favorita la que parece estar esperando. Se descalza y entre piedras, arena y agua camina hasta ella, sube al enorme peñasco y desde lo alto de la montaña rodeado de sus sonidos; respira profundo y una sonrisa se dibuja en su rostro: el ancho río, la agreste vegetación y las aves que surcan el cielo casi sin nubes son el marco de esa tarde que comienza.

Se siente como su camisa y zapatos a un lado y su respiración se acompaña con la magia de la naturaleza, la brisa enfría el sudor que corre por su cuerpo; cierra los ojos y respira cada vez más profundamente … El canto y el aleteo de las aves, sumado a la música del río que corre sobre el lecho rocoso, son las armonías que lo envuelven.

Más tarde él se sienta en la cima de la roca y ve el río ensancharse hasta casi perderse en el horizonte, el verde de la vegetación, las garzas blancas, los túneles y el astro rey se suma a la escena que ve. Medita profundamente … el tiempo trascurre, el sol desciende refrescando el ambiente.

De pronto … abre los ojos y la frente a la altura de la cabeza de una sonrisa cautivadora, de estatura de los medios, cabello negro largo con una trenza entrelazada con listas rojas y blancas que cae un costado de su pecho y que hace juego con el tocado que luce, viste blusa blanca sobre la que brilla la plata de llamativos “cháchales” pendientes de su cuello agraciado; viste además una falda ricamente bordada con motivos en color rojo.

¡Pablo no la escuchó llegar! Sintió la presencia de alguien y sus ojos se encontró con los de ella, ¿Quién es el padre de la palabra y su padre? Ver los ojos y en silencio como autómata Pablo extiende sus brazos y recibe el cofre … baja la vista para mirarlo y apreciar la fina madera y el tallado que muestra los símbolos de los días mayas o naguales cubriéndolo por completo; una ráfaga de viento en su rostro ha levantado la vista de nuevo y la joven indígena ha desaparecido.

La respiración de Pablo se agita, no hay señales de la joven y él sostiene el cofre; el sol cae sobre la cresta de los árboles y sus rayos casi naranjas se reflejaban sobre el agua cristalina.

¿De dónde y cómo fue y desapareció esa joven … y qué significado tiene este cofre? Se pregunta sin atreverse a contestar.

Pablo examinó el cofre con mantenimiento y encuentra que entre los nagales tallados algunos sobresalen de los otros, además que en el cofre no se distingue una tapa como tal.

La Cruz Maya de AQ’AB’AL está en el cofre la fecha de nacimiento en la que dibuja en el cofre …

TZ’IKIN

NO’J   AQ’AB’AL   TOJ

B’ATZ ‘

¿Tienes una combinación correcta para mover los naguales lo abrirá ?, pero ¿cómo? Volvió la vista al cielo en busca de una respuesta y ve al sol como una inmensa bola naranja que se oculta en el oriente. Vuelve los ojos al cofre y decide seguir lo que parece lógico: dirige la cara principal hacia el este quedando las otras caras que coincide con los otros puntos cardinales; observe detenidamente la tapa y en ella identifique un AK’BA’L su nagual de nacimiento el que sobresale en el centro y lo empuja hacia el interior, este se hunde quedando un tanto más bajo que el resto de los nahuales. Trata de hacer lo mismo con el glifo de TZ’IKIN la cara que da al oeste, pero no se mueve, después de unos segundos corre a la derecha y suavemente y cede. Dirige la vista a la cara, este y ella encuentra un B’AT’S, no se mueve hacia dentro, ni hacia a fuera, pero al empujarlo hacia la izquierda este salta hacia delante. NO’J en la cara norte es girado a la derecha y salta, en la cara en el glifo TOJ es girado hacia la izquierda saltando hacia el frente; al mismo tiempo, se escucha el sonido de una cerradura al abrirse CLACK y la tapa del cofre se levanta, sin abrirse.

Pablo esta tenso Por un instante, no está solo, pero también está consciente de que la razón de estar allí, de que la buscó con el fin de conocer el camino debe seguir en su vida. Un escalofrío recorre su cuerpo.

Conocedor de las leyendas y tradiciones de su pueblo, confía en que lo que está viviendo es la respuesta a tus preguntas.

Respira profundo … sienta el latido de su corazón y se dice: -Debo abrir el cofre … y colocar su mano derecha sobre la tapa. Un inesperado revoloteo y trinar de aves sobre la copa de los árboles, lo obliga a volver a la vista hacia lo alto. Sonríe al ver las vendas de aves sobre el cielo naranja y gris del atardecer y esto lo calma, además, de cómo se puede ver el paisaje se siente como un buen augurio, y sin esperar un instante más levanta la tapa y se sienta en su interior pluma de águila “

Es así como Pablo interpretación que la respuesta a su destino es la de seguir la vocación de ser escritor.

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