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La historia que no viviste – 5ta. Entrega

 

La historia
Dictaduras miltares, guerra terrorista, gobiernos oligarcas. independencia

 

 

 

 

 

 

 

 

Escrito dedicado en especial a personas menores de 40 años.

Enumeraremos algunos factores internos en El Salvador que facilitaron la intromisión del imperio norteamericano y la instalación de las “dictaduras democráticas militares”.

El día de hoy, es difícil que puedas imaginar un El Salvador con cuatro periódicos escritos, dos radios a nivel nacional, algunas radios locales, un canal de televisión privado, otro gubernamental y un noticiero televisivo que transmitía noticias dos veces al día, todos eran proveídos de noticias del exterior por la VOA Voz de los Estados Unidos de América, France Press y Reuters, a quienes pagaban por ese servicio, es decir, la prensa salvadoreña, “retransmitía” lo recibido. Esa era la verdad que nuestros padres conocían y nos transmitían, en pocas palabras la información que recibíamos estaba controlada.

Tomás egalado, presidente
Militar y presidente

La clase terrateniente en ese período 50, 60s, se expandía a la industria y el comercio, los chinos y los llamados “turcos” en mayoría de origen palestinos, eran discriminados, los mestizos locales siguiendo ejemplos del exterior incursionaban en la política y entre ellos destacan militares que llegan a presidentes y como terratenientes llegan a formar parte de la oligarquía, ejemplo de esto es el general Tomás Regalado, situación que facilita crear la alianza con los gobernantes militares, manteniéndolos con bajo sueldo, pero con prebendas, pagos extraordinarios, excepciones de impuestos y la promesa para trabajar con una de las familia al terminar su carrera.

En el pasado se registra que los soldados sembraban las tierras de los terratenientes. En el período en mención el gran capital nombra ministros, diputados, gobernadores, alcaldes, les proporciona salarios adicionales. Ellos financiaban las campañas del partido oficial partido de Conciliación Nacional (PCN) y su estructura crece y se fortalece en poder con los años, pues el poder legislativo aprueba las leyes que benefician a la banca, las farmacéuticas, facilitan la evasión, el contrabando, etc., y para evitar que esto sea público, el gobierno compensa a la prensa otorgándole el monopolio de la importación de papel, así aseguran evitar los ataques en su contra.

Los grandes capitales no se opone a los dictados del el exterior, apoyan esas medidas pues les enriquecen y a cambio ellos no priorizan como política de gobierno la educación, pues gente educada se opondría a este régimen dictatorial oligárquico.

El esquema implantado de POLARIZACIÓN IDEOLÓGICA se ejerce durante décadas, los ciudadanos divididos y confundidos por la propaganda creen necesario dar la vida para que uno de los extremos triunfe. Quien escribe estaba dispuesta a ser voluntario, e ir pelear a Vietnam para derrotar a los comunistas, gracias a mi padre no fui, pues en ese entonces norteamericano de origen latino, hubiese servido de carne de cañón.

Creíamos ciegamente que debíamos tomar partido o de izquierda o de derecha y muchos aún siguen sin ver que fuimos utilizados para reducir la población, destruir lo construido y convertirnos en limosneros de la ayuda condicionada del exterior.

Así en 1961 Cuba se declara socialista, EE. UU. envía tropas a Vietnam en 1964, la revolución bolchevique de 1917 enfrenta al mundo y destruye naciones y aún en el siglo 21 hay quienes prefieren la polarización, al trabajo en conjunto.

Mientras en El Salvador el resentimiento en contra de la clase militar crecía lentamente, también aumentaba la brecha social, ganan fuerza las políticas de derechos humanos y finalmente el aliado norteamericano demanda el fin de los gobiernos militares.

Es la administración de James Carter desde la Casablanca la que comanda el giro, decidiendo que ha llegado el fin de los sumisos y fieles servidores militares. El negocio de las armas y la banca central no podía estancarse, las guerras terroristas les dan un nuevo impulso.

Está claro que las guerras en otros países no afectan al imperio, beneficia a la banca e industria armamentista quiénes generosamente aportan a sus campañas políticas y pagan a sus funcionarios jugosos sobresueldos.

Así las guerras ideológicamente irreconciliables entre hermanos se dan en Latinoamérica, en estas no mueren rusos, ni norteamericanos, mueren argentinos, chilenos, uruguayos, nicaragüenses, salvadoreños, etc.

Por supuesto los que padecemos las guerras no producimos armas, ni municiones, debemos comprarlas y para ello debemos endeudarnos, con lo que nos volvemos más dependientes.

¿Saben estimados lectores, quienes nos venden las armas?

Si, corporaciones norteamericanas, entre otras, mientras los embaucados nos matos creyendo defender un sistema capitalista o por establecer un sistema socialista.

Finalmente, el imperio gana, pues nuestro sistema productivo, la infraestructura de nuestros países esta destruida y de nuevo nos vemos obligados a solicitar más créditos para reconstruir lo destruido, la dependencia obliga a la sumisión. Recibimos lo que nos dan, no lo que necesitamos, estamos en manos del imperio chantajistas.

Ellos continuarán decidiendo quien va a gobernar, la izquierda o la derecha, no tienen preferencia pues ambos se someten a sus dictados. Sus “medidas de desarrollo” no funcionan, pero les generan ganancias a sus corporaciones y funcionarios corruptos, así han transcurrido más de sesenta años y el salvadoreño no ve la posibilidad de salir del subdesarrollo.

Nuestra situación pasados los 20 años de guerra ha empeorado, la familia, sus las tradiciones desaparecen, nuestros jóvenes profesionales se van a trabajar al imperio, la familia salvadoreña está mutilada e inútilmente perdimos 70,000 vidas, dejando una brecha generacional imposible de recuperar.

En El Salvador terminada la guerra, no estamos mejor ahora que en 1950, año en el que nací, hemos sido dirigidos con el propósito de mantenernos como colonias dependientes.

¿Despertaremos? Me preguntaba.